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El escritor mallorquín Baltasar Porcel ha fallecido en el hospital Clínic de Barcelona, a los 72 años de edad, como consecuencia de un tumor cerebral por el que fue operado hace tres años y que en los últimos meses se le había reproducido.Una capilla ardiente en el Palau Moja acogerá los restos mortales del autor, que será enterrado en su localidad natal de Andratx.
Su fallecimiento ha producido conmoción y duelo en la sociedad catalana y, en particular, en el mundo de las letras.

Conmoción y duelo por su fallecimiento

Porcel, articulista de La Vanguardia, no ha podido superar un tumor cerebral por el que fue operado hace tres años y que en los últimos meses se le había reproducido El escritor, Baltasar Porcel, ganó el 28º premio Sant Joan Caixa Sabadell con la novela "Cada castell i totes les ombres" Baltasar Porcel obtuvo en 2002 el Premio Nacional de Literatura de la Generalitat de Catalunya y en 2007 el Premio de Honor de las Letras Catalanas

Porcel, uno de los grandes escritores europeos de nuestro tiempo, nació en Andratx, Mallorca, en 1937. Su familia estaba ubicada en la isla desde fechas muy antiguas, que en algunos de sus libros Porcel llegaría a remontar a la conquista por el rey Jaume I en el siglo XIII.

El abuelo y el padre del escritor emigraron a Cuba en busca de fortuna y regresaron sin ella, "nadie se hizo rico allí", diría Porcel. El progenitor, durante algún tiempo, trabajó como cocinero en una goleta, hasta el retorno definitivo al pueblo de origen. "En los años de la postguerra –rememoraría el escritor– Andratx era un lugar muy cerrado, encajonado entre las montañas y el mar, con pésimas comunicaciones con Palma. Muchos habitantes no habían salido nunca del pueblo. La gente era pobre, aunque tuviera pequeñas posesiones. La mayoría de las familias llevaba varios siglos viviendo allí, mezclándose entre ellas y con poco contacto con el mundo exterior, lo que propiciaba un clima endogámico y un tanto enrarecido. La lengua era un catalán lleno de modismos, aún no había llegado la gran ola migratoria de habla castellana".


El mundo mítico de Mallorca

En el pueblo, la mayoría de la gente se dedicaba a la agricultura, a la pesca y, según y como, al contrabando. Una figura influyente fue su tío y padrino, Baltasar Guillem, aventurero vinculado a los contrabandistas, que estimularía la imaginación precoz del autor. Porcel ha recordado que aunque imperaba la doctrina de la Iglesia "la gente, en realidad, no era católica, sino panteísta", y ponía el ejemplo de su propia madre, que creía inequívocamente en la presencia visible de fantasmas. Un familiar interesante era su abuelo juez, una de cuyas ocupaciones consistía en descolgar a los suicidas por ahorcamiento que proliferaban en los años 40. El escritor, hijo único, creció en el seno del amplio clan familiar, entre tíos y tías, primos y abuelos, "a menudo peleados entre ellos". Lector precoz, fue elegido presidente de la congregación mariana del pueblo y con los curas, "gente culta", se introdujo en la lectura de autores como Julio Verne o Pío Baroja, que alternaba con los tebeos de Roberto Alcázar y Pedrín o El hombre enmascarado.


En los años 50, coincidiendo con los inicios del boom del turismo, los Porcel se trasladan a Palma, ya que el padre ha encontrado trabajo como encargado de planta en el hotel Victoria. Viven en el barrio residencial de Son Armadams, donde también se ha instalado el ya muy famoso escritor gallego Camilo José Cela.

En Palma, el Porcel adolescente se integra en los grupos de cristianos jóvenes y estudia comercio, dos direcciones vitales que pronto abandona para siempre. Entra a trabajar en una imprenta, hace sus primeros pinitos periodísticos en el Diario de Mallorca, conecta con grupos catalanistas y empieza a escribir en esta lengua.

También se hace amigo de Llorenç Villalonga, psiquiatra de familia distinguida y escritor por aquel entonces muy poco reconocido. "Le veía como todo lo que yo no era: rico, refinado, irónico, moviéndose bien en sociedad, y supongo que a él le pasaba al revés un poco lo mismo. Estaba bastante obsesionado conmigo y me retrató en varias de sus novelas". A lo largo de los años mantendrían una relación intensa y salpicada de crisis regulares, que generó un abundante epistolario.

Villalonga le recomendó a Cela, quien lo tuvo un par de años trabajando en su revista Papeles de Son Armadams. Allí le tocó tanto redactar paquetes como escribir una necrológica del pintor Maurice de Vlamick. "De Cela aprendí sobre todo lo que era un escritor profesional, el más importante que había entonces en España, y aprendí también el arte de escribir, de crear un lenguaje. Pero la capital mallorquina, que al principio había representado para Porcel la libertad, empezó a constreñirle. "Yo era de pueblo y se me notaba, tenía acento pueblerino. Hacia 1960 me sentía completamente desvinculado".

Ya ha publicado su primer libro, del que Joan Triadú ha hecho una elogiosa reseña. Porcel le escribe, pidiendo que le busque trabajo en Barcelona. El generoso crítico le acoge en su propia casa y le coloca en Muebles Maldà, comercio propiedad de su amigo el activista catalanista Ermengol Passola. Con lo que, a los pocos meses de su llegada, se ve envuelto en las actividades clandestinas que rodearon los fets del Palau de la Musica, imprimiendo panfletos contra la represión.

Fue uno de los contados asistentes al juicio a Jordi Pujol, con quien a lo largo de los años mantendría una importante relación. Los felices y agitados años sesenta. Baltasar Porcel aterrizó en Barcelona en los inicios del decenio que cambió el mundo y que él experimentó de forma muy intensa en varias direcciones. En lo personal, vivió una larga relación con Concha Alós, conocida escritora que en estos años ganó algunos de los premios más importantes de la literatura española, como el Planeta.

En lo profesional, asentó su prestigio con la publicación de varios libros clave, ambientados en la Mallorca de su infancia y juventud, que harían de él una clara promesa de la literatura catalana: Solnegre (1961), La lluna i el cala- llam (1963) o Els argonautes (1968).

Al acabar el decenio Porcel ya era una figura consagrada. En estos años se dedicó con regularidad a trabajos editoriales, trabando una buena relación con el editor José Manuel Lara Hernández, quien le confió la dirección de algunas colecciones de Planeta y le integró en el jurado de su premio-estandarte.

Pero, sobre todo, en los años 60 Porcel dedica una gran energía a las tareas periodísticas, que le permiten crearse una experiencia de primera mano en dos direcciones muy diferenciadas: los intersticios de la cultura catalana y los viajes por todo el mundo. Y lo logra por su vinculación con dos grandes revistas del periodo: Destino, en castellano, y Serra d´ Or, en catalán. En ambas llega a ser firma emblemática y muy leída.

Por lo que respecta a la cultura catalana, el objetivo de Porcel en esta época es conocer personalmente y reflejar periodísticamente a todas sus grandes figuras. En un tiempo de prohibición y represiones para el catalán, se propone enlazar con los personajes que marcaron una edad de oro en los años anteriores de la Guerra Civil, a muchos de los cuales va a buscar al exilio. Se propone también establecer una relación personal con los principales resistentes que han seguido en activo.

La nómina de los entrevistados, recogida en el tomo Grans catalans de su Obra completa, es abrumadora. Y su técnica y estilo levantan ampollas. En Bruselas. Porcel encuentra a un Josep Carner envejecido y desmemoriado. El mallorquín lo refleja en su texto y se ve acusado de cruel e "irresponsable desmitificador". Visita en La Escala a Victor Català dedicada a recopilar refranes; a Pau Casals en Sant Miquel de Cuixà; retrata a Jordi Rubió, a Ramon d´Abadal, al abad Escarré, a Joan Miró, a Josep Trueta, los gigantes intelectuales que encarnan, en la visión de Porcel, "el país ideal". Y también a Espriu, Badia i Margarit, Mercè Rodoreda, Joan Oliver, Francesc de B. Moll…

En suma, traza una panorámica puesta al día de la cultura catalana, reavivando el imaginario del que se nutrirá, ya en democracia, la Generalitat pujolista.

Con Josep Pla inicia una relación que recuerda la mantenida con Vilallonga, con cierto cariz paternofilial , marcada por los altibajos y con algunas rupturas. Ambos son sin duda las grandes influencias de Porcel en el ámbito de la escritura en catalán. Y al tiempo que recaba el tetsimonio de los grandes intelectuales y creadores catalanes, Porcel, que se ve a sí mismo como un aventurero, empieza a viajar por el mundo, enviando reportajes a Destino.

Recorre el Mediterráneo repetidas veces; París; los Estados Unidos, que visitará en plena contestación sesentayochista y donde se implica en el fenómeno hippy; Africa negra; Palestina en momentos álgidos del conflicto árabe-israelí, al que dedicará un libro-reportaje, lo mismo que hará con China y su revolución cultural… Los viajes ayudan a Porcel a establecer el puente directo entre la gran literatura universal de la que siempre se ha nutrido y que tiene como referencia directa (de la Biblia y los presocráticos a su admirado Chateaubriand), y su propia literatura, siempre enriquecida con aportaciones autobiográficas y detalles y ambientaciones captadas sobre el terreno.

Las dos direcciones periodístico-literarias emprendidas en los años 60 permiten a Porcel cimentar holgadamente una obra muy enraizada en lo local y a la vez de gran vocación universal.

También en esta época se inicia su colaboración con La Vanguardia, a donde llega en 1967 de la mano de Horacio Sáenz Guerrero. Alguno de sus artículos le acarrea serios problemas con censura y la enemistad del ministro Fraga Iribarne, que el diario se ve obligado a capear con diplomacia.

La madurez de un autor

Los años 70 se abren con la publicación de una de sus obras más conocidas, Difunts sota els ametllers en flor, con la que obtuvo el premio Pla en la Noche de Reyes de 1970. Es tiempo de intensos debates profesionales y políticos. Fascinado por las actitudes libertarias, investiga el pasado del activismo ácrata catalán para volúmenes como La revuelta permanente, con el que obtendría el premio Espejo de España, y en los años que rodean la muerte de Franco se acerca mucho a los planteamientos anarquistas. "Ahí me equivoqué políticamente pero no me importa, es una fe, un impulso, y me sirve", confesaría mucho más tarde. Visita con frecuencia Madrid, cultivando amistades como la de Francisco Umbral, al tiempo que sus novelas empiezan a ser vertidas regularmente al castellano. En 1975 publica una de sus obras más traducidas, Cavalls cap a la fosca, la primera donde combina claramente el mundo mítico mallorquin de sus primeros libros con la ambientación internacional fruto de sus largos viajes.


El decenio, para Porcel, viene marcado por la crisis de Destino. Al vender el editor Josep Vergés la revista a Jordi Pujol, el autor mallorquín queda como hombre de confianza del político en la publicación. Discrepancias ideológicas en un momento convulso de la política española y la posición dura de Porcel le enfrentarán primero a una parte de la redacción y después, a su antiguo mentor Josep Pla, quien también la abandona después de que Porcel le censure un elogio de la dictadura portuguesa.

En los años siguientes a la muerte del dictador, Porcel establecerá una cordial relación con el ya monarca Juan Carlos I. "En la vida no se puede actuar sólo por racionalismo, y es mucho mejor tener un rey como éste que cualquier presidente de la República".

A la vez que, ya desvinculado de Destino, mantendrá la buena sintonía con Jordi Pujol, de quien será asesor en los decenios siguientes, aunque resistiéndose siempre a ocupar un papel de intelectual orgánico y manteniendo una distancia crítica respecto a su partido Convergència. "Soy catalanista pero no antiespañolista y, cara a España y a la lengua castellana, tengo unas ideas que oficialmente no son las de ellos", declararía el escritor.

Amparado por el president, Porcel fundaría en 1989 el Institut Català de la Mediterrània, que presidió hasta el año 2000, y desde donde promovió el encuentro de las culturas de ambos lados del mar y fomentó políticas catalanas de acción exterior. "Catalunya fue en la Edad Media una gloria mediterránea, y desde finales del siglo XIX el mediterraneísmo tiene un papel muy importante en nuestra cultura. Cuando le expuse a Pujol mi idea de que el Mediterráneo era una realidad emergente encontré que a él también le preocupaba el tema, aunque sus preferencias son carolingias. Nos pusimos a trabajar y después resultó que la política de la Generalitat fue determinante para que la Conferencia Euromediterránea se desarrollara en Barcelona, y el foro Euromed que organizamos ha sido un éxito", declararía el escritor.

En estos años de recuperación autonómica, los 80 y los 90, el escritor se convierte en un habitual de los nuevo medios de comunicación catalanes, la TV y la radio, que hacen familiar su figura entre generaciones más jóvenes. Casado con la antropóloga Maria Angels Roquè, Porcel, instalado en una torre de Valldoreix, ve crecer a sus hijos Alexandre y Violant, a la vez que no para de publicar, sigue con sus viajes y dedica una atención creciente al mundo del arte, que le fascina y que se hará cada vez más omnipresente en su narrativa. A partir de 1982, escribe un artículo diario en La Vanguardia, que lo convierte en una de las grandes referencias del columnismo español.


En 1991 Editorial Proa comienza a publicar su Obra Completa. Recupera y amplia unas casas familiares en el valle de Sant Elm, junto a Andratx y constata la radical transformación de su universo de infancia. "Entendí en su día el boom del turismo porque Mallorca era muy pobre y tuvo la posibilidad de ser rica. Mi valoración ha sido positiva hasta que eso se ha convertido en la destrucción total de lo que existía". Premios, honores, reconocimientos…

Mientras sus novelas cosechan una tras otra la práctica totalidad de premios catalanes (Prudenci Bertrana, Sant Jordi, Ramon Llull, Lletra d'or, Creixells), también se van dando a conocer fuera del ámbito hispánico.

La traducción al inglés de Cavalls cap a la fosca es considerada uno de los mejores libros de 1995 por la revista estadounidense Publishers Weekly y por The critics choice, que agrupa a algunos de los más prestigiosos críticos literarios estadounidenses.

En 1996 publica Mediterrània. Onatges tumultuosos, vigorosa síntesis de libro de viajes, ensayo histórico, análisis literario y autobiografía personal en la línea del Danubio de Claudio Magris; sin duda uno de sus mejores libros, y el más destacado de no ficción que ha publicado.

La versión francesa de Actes Sud le reportará varios galardones en el país vecino y la italiana le brinda el premio Bocaccio, rubricando la proyección europea de su trabajo.

Su protagonismo en el acto de clausura de la Feria de Frankfurt de 2007, con la literatura catalana como invitada, contribuiría decisivamente a proyectar su obra también en el ámbito germánico.

En agosto de 2006 le descubren un tumor en la cabeza, para el que se somete a tratamiento en el Hospital Clínic de Barcelona. Tras la quimioterapia y un autotrasplante de células madre, aparentemente se recuperó y unos meses más tarde volvió a su actividad habitual.

Coincidiendo con su 70 aniversario, en el 2007 recibió varios homenajes por el conjunto de su trayectoria, así como el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes por el conjunto de su trayectoria.

En 2008 publicaba una de sus novelas más ambiciosas, Cada castell i totes les ombres, con el que ganó el premio Sant Joan de novela.

En primavera de 2009 supo que el linfoma maléfico se le había reproducido, una noticia que afrontó con su actitud habitual ante la vida: positiva, realista y con un punto estoica. Pero bajo ningún concepto victimista ni autocompasiva.

SERGIO VILA-SANJUÁN

01/07/2009 | Cultura LAVANGUARDIA.ES

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