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Rita Vargas

Alicia y amigos, me acaban de comunicar que mi texto el Insomnio tiene mención de honor en el certamen JUNINPAIS2009 de Argentina, quiero compartir esta alegría y el texto con ustedes. Rita Vargas

El Insomnio

No puedo dormir, esto es un infierno, no puedo trabajar estoy al borde de la locura y pensar que al conocerte creí que había ganado el cielo. Bueno, te parecerá una exageración pero eso es lo que pensé, conseguiste lo que no consiguieron las múltiples terapias que he intentado, que me volviese a enamorar. Por ti, voy como quinceañera por la vida, como una chimenea de feromonas que me hacen pensar que soy la versión femenina de Aureliano Buendía. Claro que ese es el lado hermoso del romance en cambio el lado oscuro de esta historia es que estoy aquí buscando la forma de asesinarte sin que me lleven a la cárcel. Si, lo has escuchado bien, estoy buscando la forma de asesinarte. He pensado en todo, en usar la carabina vieja de mi padre, que según él guarda para cuando los ladrones entren a la casa y no se da cuenta el pobrecito, que si ellos entran, la carabina de caza, ya tan vieja, no da miedo sino ternura. Es su garantía de fiel guerrero para proteger la casa.

Bueno te decía que hasta en eso he pensado, y luego me fui por una arma blanca, digamos un cuchillo de brillante filo para no causarte tanto daño, pero el problema es en donde te hago el corte, si en el estómago, que según dicen, es un corte largo y doloroso. Creo que una rápida puñalada en el cuello sería mejor, como suelen hacerlo los expertos, permitiría que mueras rápido. No lo he decidido aun porque te amo, pero el insomnio me corroe la razón. No me dejas dormir, ocupas todo el espacio de la cama, doy vueltas y me encuentro siempre con tu cuerpo y sobre todo con tus manos que me toquetean continuamente y lo peor de todo es esa forma tuya de dormir agarrado de mis pezones.

Al principio me pareció tan romántico y ahora me sofoca y no me deja respirar, me produce pesadillas y es terrible sentir tu rodilla incrustada en mi costado. Encima no puedo pegarte un putamadrazo porque se vería muy mal en una persona como yo. En verdad me estás volviendo loca, no me importa que invadas mis otros espacios como lo has hecho, te encuentro en la sala a cualquier hora, me sigues a todas partes; cuando voy en el carro, te inventas cualquier cosa y ya estás conmigo mientras manejo y si salgo a caminar como últimamente hago, para ver si el ejercicio me cura el insomnio, rápidamente me alcanzas y terminamos haciendo el paseo juntos. Varias veces he estado a punto de un infarto por esa forma que tienes de colarte a mi lado. Pero fíjate si no estaré alunada que otra vez me perdí del asunto principal que estoy contando.

Estaba en que lo peor es que has invadido mi cama, me descobijas en la madrugada y me encuentro de pronto con una nalga al aire y tengo que tirar las cobijas despacito para taparme hasta los ojos y claro ya no puedo dormir. Intento todo para volver a dormir, cuento ovejas, como recomiendan, pero las ovejas por alguna razón se vuelven vacas y ya no pueden saltar la cerca, en mis intentos he inventado un truco que no sirve mucho pero que de pronto podría servir para otros, y es buscar luces en tu mente, apretando un poco los ojos se encuentran luces muy adentro, es mejor concentrarse en las azules, esas que parecen nebulosas, están grandes al inicio y luego se van achicando y ninguna tiene la misma forma que la anterior, con este jueguito me he pasado al menos una hora y es que ya estoy cansada de mirar el techo, he descubierto que le hace falta una pintada a los bordes, tiene ligeras manchas de un color más oscuro, seguramente es un recuerdo de la época punk de mi segunda hija en la que grafiteó la habitación.

Otra vez estoy divagando, volvamos a lo central, la forma de matarte, no encuentro otra salida. Debe haber una forma inteligente de asesinarte. Desgraciadamente no puedo preparar yo sola algún compuesto que no deje huellas, no he entrado a un laboratorio en muchos años y mi primer marido no creo que quiera ayudarme a matarte, seguro dice no, con esa falta de compromiso que tuvo siempre, seguro no me ayuda. Y si acudo al otro al que en verdad amé, en este caso voy a decir como Sabina “El segundo, digamos que se llamaba Edgar” el que ocupaba la cama de esa forma que tiene de ocupar todo como si el espacio fuese completamente suyo. Con él no tenía esta angustia ni esta falta de espacio, en realidad no tenía ni espacio, tenía ganas de besar despacito su espalda para que no se despertara.

Claro que luego todo se fue al carajo, me puso los cachos un millón de veces y como a las quinientas mil ya deje de amarle, menos mal, que en venganza yo me enamoré de mi mejor amigo y me divorcié de los dos. Digo de los dos refiriéndome a mi segundo marido y al partido comunista en el que entonces militábamos, solo por el puro amor que le tenía. En fin que él tampoco me ayudaría.

Ni pensar en los pocos amantes que tuve, bueno en realidad no tan pocos, si soy sincera, como ahora pretendo, debo decir que falté a la regla de oro que teníamos en ese entonces, mis amigas y yo, de que no se nos cambie el contador. Seguro no sabes que es el contador y aunque tenga ganas de matarte no soy tan cruel para dejarte con la duda respecto al contador.

El contador era un dispositivo imaginario, que contaba los hombres con los que nos acostábamos y una mujer era digna mientras el contador se mantenía en un dígito, claro que lo mejor era tener el contador en cero, pero no fue mi caso, mis dos maridos subieron por supuesto el contador y uno que otro amante entre los dos también, luego es verdad que siempre me gustó disfrutar la vida, que traducido a nuestro lenguaje significa que me gustaban los hombres, el sexo y el alcohol. Ningún otro vicio, para qué, pero esos, sí. Lo que es rico es rico y al que le gusta le gusta.

En fin que mi contador fue subiendo y cuando me reunía con las amigas, cuyos contadores también se movían, debíamos hablar de cómo iban los contadores. El número de ex maridos, mientras tanto, aumentaba considerablemente. Hasta que un día decidí no contar más. Fue justo el día en que llegué al décimo, al que llamé el número diez de mi vida, por supuesto no porque fuese como Maradona, ni tan bueno en el juego como él pero fue el que me jodió el contador, así que en la reunión de chicas con contador, o sea mis amigas, les dije que no volvería a usar el imaginario contador, encontré que era verdad que no se es tan digna si el contador cambia de dígito. Sabrás a esta altura que da lo mismo que sean diez o que sean noventa y nueve. Lo que si prometí es mantenerme cerca de las decenas, esa ya era una promesa factible y así me he mantenido, más o menos, hasta que decidí ser digna total y me olvidé de los hombres, y tanto, que empecé a pensar que había cambiado de equipo, como aquí decimos, y empecé a ver guapas a mis amigas, las que tienen muchos ex maridos.

En este punto decidí dedicarme a la vida sana, comer bien, cuidar las hijas, trabajar como condenada y encima en los tiempos libres escribir. Así llegué a esta época sin complicaciones ni sobresaltos pero muy aburrida. Pensé que así sería el resto de mi vida, hasta que me encuentro con un poeta, al medio día en una perdida plaza, de ni se sabe dónde, y me enamoro como loca, no puedo comer ni dormir. Bueno lo peor de todo es no poder dormir, este es el problema mayor.

Qué bueno, qué tranquilidad, creo que te salvaste. Al fin encontré la solución, en el sitio que menos esperaba. Salí a caminar cerca de mi oficina, en el mercado artesanal, ese que queda en la Mariscal y encuentro la solución a mi problema. Manos me faltaron para comprar lo que le daría calma a mi maltratado cuerpo, porque solo han sido quince días de amoríos y he bajado por lo menos diez libras de peso.

Llegué como loca a la casa y coloqué el pequeño atrapa-sueños, que espero, no deje pasar tu recuerdo que es el que ha ocupado todo el espacio de mi cama. Te amo poeta, adiós.

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