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José Caridad González: líder social curazoleño de origen loango asesinado durante la insurrección de la sierra de Coro 10 de mayo 1795.

Por José Millet


El presente artículo se propone contribuir a la reivindicación del héroe curazoleño de origen loango José Caridad González, largamente envuelto en una serie de valoraciones equívocas originadas por la imagen negativa que generaron las autoridades coloniales españolas en Venezuela desde los días posteriores al arranque mismo de lo que ellas calificaron de “sublevación de negros” de Coro, ocurrida en mayo de 1795. Un largo silencio condenó al olvido a los actores humildes principales de aquella gesta, integrados por africanos sometidos a la afrenta lessa Humanidad del sistema esclavista y una numerosa serie de tipos sociales fruto del mestizaje étnico y cultural que tuvo lugar en la sociedad colonial signada por ese estigma.

Entre estos últimos estaban quienes por diversos modos y medios habían logrado escapar a la servidumbre y eran denominados “los libres”: los negros, mulatos, los denominados “sambos” y los indios, todos en diferentes estatus social determinado por su relación con el vínculo esclavista. Ese mutismo fue reforzado por la tergiversación y el ocultamiento de documentos importantes que, gracias a la labor de venezolanos, como el Hermano Nectario García y a la encomiable labor de la historiadora Josefina Jordán, han podido conocerse y están hoy contenidos en dos volúmenes donde esta última los compiló y dio a conocer. Tenemos, pues, a la mano importantes fuentes de información primaria a partir de las cuales tenemos la obligación de juzgar los hechos en un contexto más amplio de como se ha realizado hasta aquí, para darle a cada uno de esos actores el sitio que se ganaron en la historia de las luchas por la liberación de los pueblos de Nuestra América.

Considérese el presente escrito como la primera modesta contribución de un investigador dedicado durante más de tres décadas a estudiar las expresiones culturales de los pueblos del Caribe a quienes la historia de Venezuela está indisolublemente unida, más de lo que los historiógrafos tradiciones han sido capaces de imaginar.

José Caridad sí estuvo en las cortes españolas y denunció injusticias sociales…

En el segundo tomo de la compilación Documentos de la insurrección de José Leonardo Chirinos* han sido incluidos importantes piezas escritas con datos fidedignos que nos permitirán avanzar en la revisión de aquellos hechos históricos y dibujar el perfil definitivo del Espartaco de Macanillas José Leonardo Chirino y de algunos de los líderes que lo acompañaron o secundaron en aquella hazaña libertadora.

Dado que acerca del líder principal existen numerosas obras, en este apartado de nuestro estudio entre esas valiosas fuentes compiladas por la historiadora venezolana Josefina Jordán, vamos a glosar aquí el expediente** encontrado por ella en el Archivo de Indias, de Sevilla, que da fe de la presencia en las cortes españolas del curazoleño José Caridad González envuelto en un litigio que nos revela su destino de rebelde y líder de su clase social oprimida.

Se trata de una comunicación del presidente de la Real Audiencia y Gobernador de la provincia de Caracas, Juan Guillelmi, en que acusa recibo al Marqués de Bejamar de la Real Orden del 29 de octubre de 1791 donde se le instruye a que agilice las averiguaciones necesarias para clarificar el contenido del recurso que “por sí a nombre de los de su clase elevó al Rey Josef Caridad González vecino de la ciudad de Coro.”

Guillelmi refiere que José Caridad demanda el terreno que ha estado disfrutando pacíficamente durante mucho tiempo hasta que su vecino Luis de Roxas lo vendió a Juan Antonio de Zárraga, habiéndolo vendido engañosamente, al hacerse pasar por su dueño. Y, en efecto, José Caridad se ha presentado ante las Cortes con la petición de recibir su intercesión real o un certificado de propiedad de las tierras del asentamiento Macuquita, ubicado en la serranía costanera coriana, para las humildes personas que lo habitaban desde el primer tercio del siglo XVIII con la autorización del Cabildo de Coro. Reclamaba ese reconocimiento para los africanos, principalmente de origen étnico loango o kongo, que habían escapado de Curazao para alcanzar su condición de hombres libres al ser favorecidos por las leyes españolas una vez que hubieran arribado a territorio de la católica España.

Este recurso introducido por el negro curazoleño puede entenderse como la simple reclamación de un terreno pero, aunque lo es, debe verse en él una denuncia a la conchupancia existente entre los testaferros (Rojas) de la clase criolla terrateniente (Zárraga) y la burocracia española local que la protegía (Teniente Justicia Mayor), tras de lo cual se escondían intereses y defensa de la clase dominante en perjuicio de los oprimidos (curazoleños loangos.)

En efecto, su reclamación va más allá de la simple disputa de un bien material, para convertirse en el enfrentamiento al poder establecido al denunciar José Caridad que, precisamente, reclamos y recursos suyos han sido desatendidos anteriormente a causa de la conexión de “amistad y confidencias” de dicho J. A. Zárraga con el Teniente, que no es nada menos y nada más que el encargado de impartir Justicia Mayor en Coro en nombre de España.

Esta situación de alta conflictividad originada por la exigencia del loango libre gravitará poderosamente en la actitud zorra, dolosa y criminal del Teniente de Justicia Mariano Ramírez de Valdarraín, quien hace prisionero a José Caridad sin tener pruebas para presumirlo reo de la insurrección y lo mantiene en su casa en estado de incomunicación hasta que, según este funcionario, lo envía a la cárcel al obtener declaraciones en su contra de boca de los apresados, muchos de ellos heridos, en el “enfrentamiento” que tiene lugar en la Aduana de Caujarao el 12 de mayo de 1795 en la mañana.

Llamo la atención acerca del hecho de que aquí nuestro héroe se está enfrentando a otro problema no menos acarreador de peligros extremos: el de la acusación a un paisano suyo, es decir, este Luis de Roxas**, quien dirigía el batallón de morenos en el cual José Caridad no quiso ingresar y optó por organizar un batallón de loangos dirigido por el mismo José Caridad. La audacia de fundar y organizar su propio cuerpo de milicias loangas lo ponen en el carril de solicitar a las autoridades locales de la ciudad el nombramiento en el cargo de Capitán, pero como se verá más adelante, esa reclamación no es aceptada por las autoridades civiles españolas en Coro, por lo que la eleva esa a nivel del gobierno central español radicado en Caracas.

Los documentos incluidos en la referida compilación que venimos glosando nos permiten conocer que este último proceso de reclamación del cargo al frente de la Milicia de negros loangos obligó a José Caridad a desplegar una inmensa energía y a hacer varios viajes a Caracas en tiempos del Gobernador Pedro Morell. Este hecho que, al parecer, también podría pasar por uno de importancia menor ante los ojos no avisados, es portador de un valor de mayor alcance a la vista de las autoridades españolas ante las cuales el líder curazoleño está introduciendo un reclamo que él considera justo. Más adelante podremos aportar los argumentos y evidencias para fundamentar nuestra anterior afirmación referida a la gravedad de este reclamo.

Tristemente en la referida compilación sólo disponemos de los documentos producidos por las autoridades españolas en el juicio que se le siguió a José Leonardo, sus compañeros de armas y a un conjunto de encarcelados en la cárcel real de Coro bajo la sospecha de haber sido parte de la conspiración y final insurrección liderada por éste; incluso los referidos a su defensa, alegatos y demás pruebas resultantes de su enjuiciamiento fueron sustraídas del expediente y presumimos que se hayan perdido, vendido o destruido. En consecuencia, la exposición hecha en defensa propia por el líder principal que las autoridades españolas enjuician como el principal responsable de lo que denominan “insurrección de los negros” estamos, irreparablemente, obligados a conocerla a través del discurso pronunciado por el historiador Pedro Manuel Arcaya en el acto de su entrada a la Academia Nacional de Historia de Venezuela. Es igual lo que sucede con el curazoleño, cuya personalidad tenemos que reconstruirla a partir de los documentos oficiales, informes escritos y oficios de los españoles y, hasta cierto punto, del testimonio de quienes son enjuiciados como participantes en los hechos.

Retrato manipulado del curazoleño pintado por las autoridades españolas.

El oficio del día 15 de mayo de 1795 enviado por el Teniente Justicia Mayor de Coro, Mariano RamírezValderrein, al Presidente Gobernador y Capitán General de Venezuela, Pedro Carbonell, constituye la prueba documental y testimonio personal fundamental para acusarlo de autor de la matanza indiscriminada de personas, muchas de ellas inocentes, ordenada y ejecutada por él con el auxilio de tropas armadas bajo su mando en la mañana del día 12 de mayo, la que comenzó en las inmediaciones de la Aduana de Caujarao cuando se presentaron, en sus inmediaciones, los abanderados y la embajada de los insurgentes para solicitar la libertad de los esclavos, la supresión del implacable sistema de derechos de alcabalas y demás impuestos a los libres; según él, los insurgentes no ofrecerían nada si se les entregaba la ciudad: la “contesta fue dispararle un cañonazo cargado de metralla”, según este militar carnicero disfrazado de Tribunal.

A ese proceder continúa, en las inmediaciones de Caujarao y en la ciudad de Coro, una serie de decapitaciones sumarias de prisioneros que suponía reos de la insurrección, sin pruebas ni los procedimientos que establecen las leyes. En este contexto de violencia, Valderrein ofrece en el mismo documento su primera versión de lo sucedido a José Caridad González, a quien no menciona en las dos escrituras anteriores del 11 del mismo mes.

Ese mismo día 12 en la tarde, Valderrein decapita a 24 aprehendidos “heridos, y aturdidos del temor” de las metrallas y disparos con que los enfrentó en Caujarao. Pero antes de descabezarlos, “resultó en las declaraciones abreviadas que se tomaban a aquellos delincuentes a la sola vos por no haber tiempo para otra cosa que el negro Luango Josef de la Charidad González que estuvo en la Corte, y en esa Capital pretendiendo la Capitanía de los de su nación había inspirado mil errores a los esclavos y negros libres, diciéndoles que para los primeros había traído Real Cédula en que su Majestad los dava por libres y que los sujetos principales de esta ciudad se las habían ocultado, y a los libres que auxiliando sus designios a la sublevación serían los que mandasen después en la República.” A seguidas termina de construir la trama de la conexión Curimagua-Coro del levantamiento de este modo: en la montaña un sambo habría de dar el primer movimiento y, al presentarse en la ciudad, habría de ser auxiliado por quienes siguiesen al luango José Caridad.

Es entonces que nos enteramos que Valderrein tenía prisionero en su casa “que es Casa de Armas” al líder curazoleño y a veintiún negros de los de su nación; él alega que esa reclusión la había adoptado “a prevención prudente”. Esta expresión nos conduce a la sospecha de que lo hizo ajustado a un plan previamente elaborado, aunque él aporta la falacia de que José Caridad le había estado pidiendo armas la noche del día 11, que él les había negado y luego también en la mañana del día siguiente en que tiene lugar el supuesto combate en la Aduana. En el cuartel en que lo mantiene incomunicado, José Caridad le confirma “en secreto, en ser cierto lo que se denunciaba de él”. ¿Existe algún ser humano dotado de la inteligencia elemental que admita que, en medio de la tensión de una insurrección y del desencadenamiento de hechos cruentos como los arriba referidos, un líder de tan dilatada trayectoria como lo es José Caridad, que ha luchado durante tanto tiempo por los intereses de su pueblo, que ha recorrido mundo y domina varias lenguas y culturas, incluida la del amo español, confiese “en secreto” una supuesta culpa que le costaría su vida?

Está preparado el terreno, pues, para justificar el asesinato del revolucionario curazoleño, por haberse atrevido a denunciar ante el Rey y las cortes la conchupancia del mismo Teniente de Justicia con los terratenientes esclavistas que pretendieron arrebatarles los terrenos de labranza a él y a sus compañeros luangos asentados en Macuquita. Así, al concluir la decapitación de los prisioneros, que Valderrein declara ante sí y por sí de reos, este “Justicia Mayor” se presenta a su residencia la cual es, como dijimos, Casa de Armas y allí ordena llevar a la cárcel a José Caridad y sus 21 luangos “mientras se averiguaban aquellas sospechas” pero, a pesar de que el Torquemada confiesa dulcificar sus “palabras y semblante”, afirma que el Curazoleño, atemorizado por su culpa, cuando se le conduce de la plaza pública a la cárcel “emprendió fuga con dos de los más inmediatos de su gente”, a quienes los escoltas compuestos por “lanceros y soldados de Espada” los matan “incontinenti.”

A seguidas de este punto de su relato sesgado, inconsistente y falso, el Teniente lobo vestido de Justicia regala una frase que nos debe mover críticamente a la reflexión: “de suerte que pareció el consumatum de la obra que acababa de ejecutarse en justo castigo dispuesto por el Cielo.” La obra, la decapitación sin juicio y sin pruebas de gente humilde sometida a la esclavitud y o a violencia económica a través de injustos impuestos, que se había ejecutado alcanza la perfección, el acabado magistral con el asesinato premeditado de un negro libre que se atrevió a desafiar al poder de españoles y mantuanos criollos…y esa obra es bendecida por Dios desde el cielo…

El Teniente Justicia concluye este mismo oficio con el informe de otros quince degollados ese mismo día 15 que lo rubrica y con la sumisa petición al Capitán General Carbonell de aprobación de “las operaciones que se han tomado de pronto, según las graves exigencias del Caso”, lo que le traerá consuelo, igual que las órdenes que le solicita comunicar para que le sirvan de Norte seguro “en semejante lance, capas a la verdad de sorprender a espíritus generosos”. Veamos la evaluación de tales crímenes—presentados ingenuamente por Valderraim como “operaciones”—hecha por el generoso espíritu del Capitán General.

El Capitán General y Gobernador aprueba las “operaciones” y santifica a sus ejecutores. En efecto, en su representación oficial, rubricada en Caracas 11 días después, el Capitán General Pedro Carbonell califica de feliz el “encuentro” sostenido el día 12 en Caujarao por el Justicia Mayor con los “negros sublevados” de esa jurisdicción de Coro, en el cual mató a 25 insurgentes, puso prisioneros a 24 “heridos y aturdidos”, “que la misma tarde decapitó, ejecutando lo mismo con los nueve que sucesivamente fue aprehendiendo y lográndose la muerte del perverso Josef Charidad y otros dos que intentaron hacer fuga…” (Doc. I, p. 36) Como puede apreciarse, la autoridad suprema de España en Venezuela aprueba sin el menor reparo los hechos ejecutados por uno de sus subordinados sin que éste le haya ofrecido otra prueba que la de su confianza al colocarlo en su cargo. Asimismo, da por cierta la culpa del luango a quien califica de perverso, es decir, de alguien que causa daño intencionalmente, corrompe las costumbres de un sitio y el orden o estado habitual de las cosas.

Resulta de sumo interés para la biografía de nuestro héroe curazoleño, pero sobre todo para la evaluación del sistema de la ética católica del dominio colonial de España en América Latina y el Caribe, la justipreciación de tal litigio de cargo del Capitán General Carbonell a Valderrein después de haber calificado de perverso al líder José Caridad: “ y ya ve Vuestra Merced cuantos justos y reflexivos fueron los motivos que me detuvieron para haberle confirmado en el empleo de Capitán de la Compañía de morenos libres de la nación Mina para que fue propuesto”. (Ibid.) Es decir, por este documento nos enteramos, por una parte, de que en efecto dicho luango libre fue propuesto para desempeñarse como jefe de los milicianos de su nación africana y, por la otra, que esa nominación no prosperó, sino que, por el contrario, fue vetada nada menos que por quien representaba al poder supremo del Imperio español en el país sudamericano.

Termina por calificar de brillante la acción en su conjunto ejecutada por Valderrein y “nada común, de aquellas peregrinas que apenas se dan en un siglo “y su valor, celo y fidelidad” son dignos de ser premiados con la mayor liberalidad por su majestad el Rey, por lo que le pregunta el “destino o carrera que más le acomode para recomendarle eficazmente”.

El reconocimiento es extendido a todos quienes se involucraron de la sociedad civil coriana en el enfrentamiento de la insurrección, “sean vecinos y naturales así nobles, como plebeyos blancos, forasteros y Criollos, Pardos, morenos o Indios y aun los sacerdotes seglares, y regulares.” En síntesis, ¡Hosanna para el Justicia Mayor y su excelso concepto de lo justiciero aplicado consecuentemente en nombre del orden colonial y de Su Majestad, cabeza del Imperio español, los que debe ser defendido y preservado no importa si al qué precio de vida de inocente¡…Encima de la cabeza del Justicia Mayor y de las cabezas de quienes recomienda recaerá la santa unción y el premio de manos del rey por su impecable actuación.

El destino de José Caridad estuvo ligado al destino de los africanos esclavizados que fueron llevados desde África a Curazao, a muchos de quienes ayudó a obtener su liberación mediante el procedimiento conocido por “cimarronaje marítimo” o traslado a través del Caribe rumbo a las costas del actual Estado Falcón donde alcanzaron su libertad y relativa independencia económica al dedicarse a la actividad agrícola con cierto éxito.

Es decir, se convirtió en una suerte de “capitán de cimarrones de su nación loanga”, por lo cual empezó a adquirir prestigio no sólo ante sus congéneres, sino más allá de ellos. Y también estuvo ligado muy especialmente al de sus hermanos de la nación bantú loanga una vez se establecieron en Tierra Firme, a quienes representó en algunas de sus reivindicaciones sociales, como la de su reclamo a la propiedad sobre la tierra donde habían trabajado y vivido durante mucho tiempo; y a muchos de ellos supo organizarlos en el cuerpo de una Milicia de negros libres loangos que lo reconoció como su líder principal. A continuación vamos a ofrecer las dramáticas, y en algunos casos trágicas, consecuencias que se derivaron de la insurrección sobre los miembros del asentamiento loango de la sierra coriana al que él estuvo firme y permanentemente vinculado.

En este mismo último documento que acabamos de glosar, el Capitán General Morell ordena al justicia Mayor Valderraim ponerse de acuerdo con el Francisco Jacot, a quien había nombrado, enviado y puesto como Comandante de Armas o jefe militar de la Plaza en la jurisdicción de Coro, para determinar si “supuesto que se ha descubierto fue el principal seductor el negro Josef Charidad González alucinando a los otros con la falsa persuasión de libertad para los esclavos, y excepción de Alcavalas a los libres para lo que decía trajo real Cédula, cuando estuvo en España vean si será conveniente expatriar todos los negros de nación , o a lo menos aquellos que hayan manifestado poco afecto a la buena causa, con los hijos de estos, y de los libres muertos, para que se les destine a los Bajeles de Guerra de su Majestad en clase de marineros reales, Gurumentes, y paxes”, para lo cual autoriza el uso de la balandra armada en guerra La Caraqueña el flete de embarcación para que sean conducidos a Puerto Cabello con escolta y debida seguridad.

Esta averiguación está dirigida a confirmar el grado de contaminación y alcance de la difusión lograda por este líder curazoleño entre los asentamientos de la sierra coriana y muy especialmente a neutralizarla o liquidarla en uno de ellos hacia el cual apunta certeramente su disparo: “No se alce la mano en la persecución y destrucción de un cumbe que se me ha dado noticias hay en la montaña y paraje nombrado Macuquita* (*En efecto, Acosta Saignes reporta la existencia para 1795 de un cumbe en Santa María de la Chapa y, para dos años posterior, es el de Macuquita.

Vida de los esclavos negros de Venezuela, p. 275-279 passim. En Ramos Guédez, op.cit., p. 36.) que tal vez será el mismo que devia atacar D. Manuel Carrera, y D Juan Echanove con las partidas que puso Vuestra Merced a su cargo…”(Idem, p.37)

Se desprende de esta orden del Gobernador la existencia de contradicciones entre esos dos subordinados suyos radicados en Coro.

* Archivo General de Indias. Sevilla. Legajo 93, Sección Audiencia de Caracas. En normal"">Documentos de la insurrección de José Leonardo Chirinos. T II, p.188- 189. A continuación reproducimos la transcripción del citado documento cuya fotocopia del original puede ser consultada en le Biblioteca Oscar Beaujon de Coro: 351

El Presidente de la Audiencia de Caracas

Excelentísimo Señor

(Al margen): Acusa recibo de la Real Orden con que se le acompañó una instancia a Josef Caridad González moreno libre y vecino de Coro para que informase sobre su contenido.

En consecuencia de la Real Orden de 29 de Octubre próximo pasado con que Vuestra Señoria se sirvió remitirme el recurso que por sí a nombre de los de más de su clase elevó al Rey Josef Caridad González vecino de la ciudad de Coro he librado las providencias correspondientes para la más exacta averiguación del relato en quanto al terreno que expresa haber estado disfrutando pacíficamente largo tiempo hasta que suponiéndose Dueño Luis de Roxas del mismo vecindario las vendió simuladamente a Don Juan Antonio de Zarraga cuya conexión de amistad y confidencia con el Teniente refiere haber sido la causa de la desatención de sus quejas y recursos, y luego que evacuen las diligencias necesarias para el cumplimiento de dicha Real Orden las pasaré a manos de Vuestra Señoría como me encarga cuidando entre tanto que al insinuado González se le haga justicia sin experimentar la menor molestia por haber ido a España y entablado el presente recurso.

Dios guarde a Vuestra Señoría muchos años es mi deseo.

Caracas 12 de Mayo de 1792

** El historiador Carlos González Batista ha aportado algunos datos interesantes acerca de este personaje a quien evidentemente se enfrentó nuestro héroe curazoleño y que tenemos la presunción que era una de las fichas impuestas por las autoridades coloniales españolas, en contubernio con la godocracia esclavista coriana, para controlar a la “gente de color.: “Así, en 1806, un hombre ya en retiro, el Capitán Luis de Rojas “natural de Curazao y vecino de esta ciudad” solicitó un terreno en los ejidos “para poner un hatillo…pues la vejez me impide trabajar en la labor” (Archivo Histórico de Coro, Litigios sobre tierras. Expedientes sobre tierras. Ejidos. 1806.)

“A Rojas lo encontramos documentado desde 1769, cuando el Gobernador Solano lo nombra Capitán de la “Compañía de Morenos de la sierra”, donde venía ejerciendo con el rango de teniente” (Archivo General de la Nación. Diversos. T XI, f 174. ) Carlos González Batista: Antillas y Tierra firme. Refinería Isla. Curazao SA 1990. P- 124.

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