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A PROPÓSITO DE LA INTERVENCIÓN EL 23 DE JULIO EN EL ATENEO DE mADRID DEL POETA MADRILÑO fERNANDO oPERE, SE PUBLICA EL SIGUIENTE TEXTO CONCEPTUAL:

"la poesia DE Fernando Opere, POETA CATEDRATICO."

por Ramiro Lagos

Escribir sobre la obra de un crítico dedicado a la docencia, que es a la vez poeta, constituye un desafío para quien acepta el reto dentro de la misma concomitancia de luz docente o luz creativa. Mas mi pluma no tiene interés en gastar tinta emulativa sino en vaciar el tintero para llenarlo de transparencias que permitan desvelar el perfil protagonista y el cuerpo textual de la obra en sus aspectos más sobresalientes: el de su trascendencia biográfica, su mundo poético y su doble cátedra de crítico y creador.

Con este nuevo poemario, Alfabeto de ausencias, Fernando Operé no hace sino agregar un peldaño más a su cumbre de escritor trascendido bajo nuevos destellos y bajo aquellos lampos poéticos de ayer que aún siguen alumbrando su obra. El aspecto positivo de estos alumbramientos es la constante lección de creatividad en función de un profundo rigor autocrítico. Libros espejos de su propia imagen biográfica y de su arte difusivo de reflejos creadores son, por ejemplo, Acróbata de ternuras (1994) y Amor a los cuerpos (1997). En ambos, Operé abre amplios horizontes de neocreatividad y los deja abiertos en este nuevo milenio como páginas de su vida, de su cosmovisión y de su cotidianidad. Poeta de las florestas ilímites de Virginia con una cosmovisión que

abarca España, su país natal, Estados Unidos y Latinoámerica, figura en la antología Poetas sin fionteras (Edit. Verburm, Madrid, 2000). Allí dictando cátedra de crítico: escribe: “La poesía continuará ejerciendo el mismo patronato que la convirtió en fuente y alimento de los otros géneros. El lirismo más preclaro convivirá al lado de la más íntima continuidad”. No obstante, el intimismo.unido a las circunstancias, presagia, en esta nueva entrega de Alfabeto de ausencias, los cambios esperados en el poeta, a merced de los avatares del tiempo:

Inauguro un siglo y me expongo

al vendaval de las emociones

como un biólogo apasionado,

un viajero perdido en la selva.

En las florestas de Virginia, donde reside el poeta, la cotidianidad y la convivencia con las cosas y los seres que le rodean, parecen ser los signos distintivos de su poesía. En Acróbata de ternuras, sus vivencias familiares le inspiran un cúmulo de invocaciones con el tema de la madre evocada, su hogar y sus estancias, invadiendo el tiempo con vibraciones y ritmos del corazón. Capaz de poetizar los lugares comunes con sencillos hallazgos poéticos, Operé transita por lugares rutinarios, entrando hasta la cocina sin tiznarse las manos creadoras, para indagar entre harinas, recordar y sentir el humano fuego que calentó su atmósfera. Ya uno se le imagina husmeando los aceites, las legumbres y el fogón. Se detendrá observando al perro que traza su círculo para echarse, como para recordarle que la poesía también da vueltas en experiencias circulares aunque su misión sea la de romper el círculo para poder crear con más liber-tad y abrirse a otros espacios. “Soy duda y soy”, también filosofa, habla con su propio yo desconocido y nos confiesa que así construye su “elusiva leyenda”. Poeta y actor, Operé logra con su sencilla genialidad describir recintos hogareños olorosos de perfumes, escenificando memoriosamente sus acrobacias de ternura. Inclinado a las remembranzas, regresa a los sitios ha recorrido, dándole otra vuelta a la imaginación y robándole los pasos al tiempo desde su “amanecer harinero” en que la voz se oye fragmentada:

He entrado, lento de pasos,

por el pasillo luengo.

En la añeja cocina me he parado...

Busco,

por harinas y sales, busco.

Indago,

entre legumbres sedientas, indago.

Creatividad indagadora de cosas que se rozan con la piel del tiempo, alternan con sus acrobacias, no sólo de ternuras, sino de experimentación lírica y léxica, para lograr, con el lenguaje más sencillo y familiar, que la atmósfera poética se mantenga y la creatividad no cese. Sus versos son desiguales por ser libres, y no riman sino con la vida, por eso mantienen comunicado líricamente al poeta con el lector dentro de una transparente fluidez romanceada.

En Amor a los cuerpos, el arte creativo del poeta toma otros visos de relieves corpóreos más sobresalientemente eróticos y reflexivos, sin caer en el arrebato sensual. Gasta mesura en los trazos descriptivos en tomo a los atractivos exteriores y funcionales femeninos como foco estético constituido de variadas formas que retan al poeta a su poetización. Amor a los cuerpos es una obra triunfal por lo creadora.

Logra en ella poetizar la más difícil configuración artística, la curvatura femenina más ostensible, o aquélla que discretamente se mira de soslayo. El tema del trasero que en el genial Quevedo raya en procacidad humorística, en Operé se enfoca también con cierto humor pero gana en donosura. Es espejo del mismo .modelo, pero aún imitando Operé al maestro, consigue su propio sello de creatividad original por su desarrollo, descripción y estilo.

De todas maneras, el autor de Amor a los cuerpos no es un artista barroco sino un poeta neo-romántico de refinada galanura. Neo-romántico he dicho con ánimo de interpretar su personalidad de juglar moderno, ideorrealista y sentidor. Neo-romántico de este siglo inaugurado en que la poesía conquista al galán y ambos conquistan el espacio en busca de horizontes infinitos, sobre todo, los de la libertad del mar espronciano, sin brújula. Neo-romántico de la libertad artística, ojalá acierte al afirmar también que es un neo-visionario del tiempo cíclico, el que profetiza en sus pretéritos y los convierte en presentes, desde un amanecer de sábanas rosáseas hasta “las cinco en punto de la tarde”, hora de poesía derramada en todos los relojes. El tiempo cíclico del poeta abarca el tiempo metafísico que intenta eternizar después de haberse afir-mado en “un pacto de por vida con la muerte”.

El tiempo humano, humanizante y humanístico, ha sido el brazo más abarcador de este neo-madrileño, Fernando Operé. Neo-madrileño de la Nueva Castilla capitalina cuya galanura y señorío rancio, se proyectan en su obra de gran castellanía. Neo-madrileño de hoy por su cosmopolitismo dotado de una amplitud mental que la ha inducido a pasearse por las avenidas del mundo como lo hiciera en sus años mozos por la Gran Via madrilena o las Ramblas de Barcelona. Siguiendo sus rumbos geográficos, si en aquella época le crecieron barbas de juglar y alas de astronauta, más tarde voló a la América de Whitman donde, ya doctoral, ha impartido clases como profesor de letras.

En la América rubia se matrimonió con la poesía viva, como lo hiciera antes Juan Ramón, autor de Un poeta recién casado, de luna de miel con su nueva poesia. Operé se refleja en el maestro de la poesía pura en cuanto opta por un vocablario más transparente, divorciado de la musicalidad métrica. La diferencia es que, éste no procrea la poesía pura ni la imita, sino que hace una poesía de la difícil elementalidad de las cosas con un lenguaje parco de cosmética.

Lenguaje, de todas maneras, transparente como el de la poesía juanramoniana, lenguaje pensado y discursivo, a veces, como el remanso de “La oración de la tarde”, donde las flores del olvido le sirven de entrada violácea a su poema. Cito dos estrofas de “La oración de la tarde” para resaltar el lenguaje transparente del poeta, la serenidad de su contemplación ante el paisaje natural que le arroba el alma, y la armonía de sus tranquilos pálpitos, como ritmos de vida:

Sí, es tiempo de pensar,

de acumular las flores

del olvido, la turbia pupila

del tiempo transcurrido, el agua

abandonada en su remanso...

Me apostaré en el pagano altar

de la naturaleza a practicar

mis más altas devociones:

Sentir la vida latiendo

en la exquisita armonía del paisaje.

El arte creativo de Operé se ejemplariza en un proceso pensador y observador que convierte su mirada o su ensimismamiento conmovido en floraciones de sentimientos y pensamientos, en ritmos del corazón, en hallazgos de nueva luz con que alumbra su escritura. Es como coger un papel blanco y matizarlo de variedades cromáticas, de signos o grafías donde se refleje su mundo psicológico personal o el de las estrellas y sus sombras.

Parangón de espejo es Alfabeto de ausencias, diccicnario de nombres olvidados que, con su creatividad emotiva, se convierten en alfabeto de presencias recordadas. Su obra es escenario de evocaciones del lejano ayer humano, al cual se agregan otros nombres de cotidianidad convivida al ritmo de su inquietud de poeta.

Arte de su palabra creadora es haber convertido el alfabeto lingüístico de su lenguaje coloquial en un difícil lampo de expresividad poética con sus paronomasias, sus matices, sus sinonimias, sus significantes y silencios sonoros. Sus palabras coinciden con las polivalencias del lenguaje común y poético: palabras vegetales como troncos de raíces profundas, palabras minerales como piedras de fuegos escondidos, palabras como huellas camineras, palabras como mármoles de cantera ancestral. La palabra de Fernando Operé es una piedra poliédrica que piensa, siente, vibra y se deja indagar en sus matices mientras el poeta construye su poema.

Descubro en Alfabeto de ausencias un poema que proyecta la personalidad académica del autor, paralela a su actividad creadora. En él se autorretrata aludiendo a las múltiples ocupaciones de un profesor que, reaccionando contra la rutina del alfabeto gramatical, se pregunta, “¿Y el mar?”. Con ese símbolo, espejo ondulado del ciclo que retrata un firmamento poblado de estrellas que le guiñan afectos o desaparecen, dejándolo con el papel en blanco, el poeta rescata sus borrosas remembranzas.

El tema del mar, tan socorrido – mar de lágrimas, mar de penas, mar de angustias –, reaparece en su poema, “Mi mesa pradera”, y es entonces el mar de sus olvidos, de sus ausencias, donde el poeta quiere hacerse presente para enriquecer temáticamente su alfabeto lírico que inició desde su mesa de trabajo, “al fragor de las letras” del amanecer. Resulta interesante que un poeta de buena madera, como se dice proverbialmente, se afirme en los estribos de su “caballo-silla” y su “paciencia maderera”, para, con esos instrumentos, acometer la obra y testimoniar la dificultad del proceso poético, en que la voluntad de arte, opuesta al facilismo, se desenvuelve con maestría. Ello es tener madera de creador y apoyarse en la dura madera del trabajo, para robustecer la voluntad de crear el deseado poema.

Recorro la mesa enamorado,

evito precipicios y secos tinteros.

Escribo lo que ni yo podría imaginar,

alfabeto de ausencias, urgencias del fuego.

Y lo que escribe lo hace a través de ese mar de poesía, el de las ausencias recordadas, evocadas y convividas. Y son tan intensas y múltiples las motivaciones de ese mar temático que su poema global se hace imposible cuando hay urgencias de fuego humano, pasional o incidental, que lo enardecen bajo el relámpago de la vida personal o asociada sentimentalmente al entorno. Ha de entenderse que estas urgencias circunstanciales son parte de los frecuentes fogueos a que se expone el poeta dentro de sus incidencias y trascendencias de emotividad cíclica. Son, en definitiva, urgencias creadoras de energía lírica frente a las fogatas del corazón o ante la explosión de los silencios cargados de emotividad.

Cuando el silencio explota, el poeta, actualizándose, al sentirse elegido por el tiempo aciago de este siglo, parece interesarse por su fogoso impulso, diciendo, “Recibo no sé qué antorcha que me abrasa las manos”. Y así, lo mismo que levanta una guadaña metafísica para entonar una elegía a los eternos mármoles, levanta patética su voz para testimoniar el holocausto de las torres, el 11 de septiembre::

Fue una explosión inesperada, traicionera,

traicionera, un derrumbarse

de alas y de huesos, un caerse

hacia el alma, apocalíptica nube,

diluvio de estrellas negras.

Como la poesía se inspira no sólo en circunstancias espectaculares, sino también en las circunstancias del yo, del nosotros, y de los dos,tomando una cálida copa de luna, corresponde al poeta elegir entre ser un cantor de noctunidades bohemias, de sedosos ensueños, de “acrobáticas ternuras”, o ser más sensible, deteniéndose patético ante el espejo roto de la miseria humana, ante la inmisericordia de los poetas solemnemente insensibles. El poeta, si lo es, tiene que revelar su sensibilidad y rebelarse frente a lo insensible. Fernando Operé lo hace de las dos maneras. En esta última entrega, dando un paso hacia la poesía testimonial, se afirma en su revelación concientizada:

Elegir es afirmar,

escribir con el dedo en lo alto,

predicar con los zapatos puestos,

tomar partido, tatuarse

el pecho hasta la sangre...

Este viraje del poeta hacia la poesía testimonial forma parte de su Alfabeto de ausencias, tan intimista, tan emotivo, por otra parte, tan revivido de de altos recuerdos surgidos como antorcha que alumbra su “sagrada vocación de sentirse humano”. Bajo la luz de esa antorcha sorprenden sus romanceados versos inspirados en la América enegrecida de miseria, y así testimonia el poeta:

Te he visto en el sur

plantación de esclavos muertos,

recogiendo basura,

amasando tiempo,

hurgando en el mundo blanco

su secular desprecio.

A semejanza de Rubén Darío, quien al pasar por Nueva York, hizo un alto en su poesía preciosista, sensorial e intimista, para testimoniar desorbitado el cuadro miserable de la negritud humana, Fernando Operé, después de sus previas andanzas, nos sorprende con un viraje poético de miradas sensibles y escrutadoras hacia el mapa humano y social de las Américas. Es así como desde el Cono Sur, su testimonialismo poético deja una piedra sangrante en el camino crucial de los de abajo:

Bloquearon el puente

que cruza el Paraná.

Son piqueteros, desempleados,

arruinados del tálamo,

huérfanos del pan.

Los veo hincar el azadón,

limpiar cloacas, besarle

en la mejilla a la niña

que ahueca la barriga

y pare nada, serrín,

arena agonizante...

Han abierto el puente

tras la sangre. Los desocupados

se llevan los féretros.

Van atravesando el último arco

sobre el río que, a jirones

de impotencia, arrastra

la rabia enredada en los dientes.

Fernando Operé, como poeta del siglo XXI, sabe que la poesía de hoy es ámpliamente espaciosa, multifacética y circunstancial. No procede del círculo dogmático que alaba lo eterno metafísico o lo eterno romántico, sino, al contrario, lo que implica duda y ruptura de todo círculo. Como poeta sin fronteras se abre a la posibilidad de escribir sobre todo lo que siente, indaga, y le impacta, como la división que separa el pie con botas charol y el de botas de barro. “La frontera”, título de uno de sus poemas, está simbolizada muy bien en este verso de afortunado impacto: “Es una extensa herida de machete en la sedienta y soñada América”. En su poema “Golfo de México”, va más allá y poetiza no ya el mar de las angustias sociales, sino el mar de otros olvidos que extrae de la historia para rescatar sus recuerdos naufragados y a la vez, profetizar lo que pueden enseñamos los pretéritos desde las huellas del mar.

Aquí el mar tiene hambre

y se tragó los tesoros

que rapiñaban a América...

En frente de este mar, confundido,

en este golfo cálido de México,

– el mar de los cronistas-

y los eternos ovidos, he venido

siguiendo las huella de antiguos pies

y sus fracasos.

La variedad temática de Alfabeto de ausencias abre su cometido, por tanto, en tres direcciones: la de los recuerdos, la de las vivencias y testimonios, y la de la creación de impactos a través del lenguaje. Lo más difícil es que el lector comprenda de inmediato la estética del coloquialismo con expresiones como ésta: “Perdonen mi falta de modestia”, “si elegir consistiera”, “si elegir bastara”, “Al que me ama guardo fidelidad perruna”, “haciendo cuentas de la vida llego a clase.”. Pero semejantes expresiones contribuyen a atraer al lector más familiarmente al tema, para que dentro de su claro desarrollo lírico, pueda recoger el mensaje del poeta, impactándose de sus ritmos vita-les. Estos impactos, que no están ausentes en el alfabeto lírico de Fernando Operé, se matizan con los de sus destellantes emotividades verbales. Y esa matización se puede apreciar cuando dice, al iniciar su poema, “Perdonen mi falta de modestia”, “No sé por qué, de pronto hoy, siento un nuevo florecer de mi esqueleto”. Lo difícil es que haya podido combinar sencillamente el lenguaje coloquial ecografiado con su lenguaje líricamente metafórico.

Ha de observarse que este lenguaje se enaltece creativamente con expresiones de acertado creacionismo, como estos versos elegidos al azar: “la vida es un pacto de enredados nudos”, “Escribo un poema imposible desde mi mesa pra-dera”, “contemplo su belleza ondulante”, “estos días apretados de musgos”, “de luto, las letras estremecidas, se acurrucan en el regazo del poema”, “Allí están los recuerdos o entre las arrugas de la colcha en su amoroso desorden”, “cocinera de lunas y ternezas, pulpa de héroe”, “Dos nupciales sábanas domingueando, como si nada”, “Besos de jazmín quinceañero”, “Noche que se acurruca en la alfombra como una gata blanda", “I.es cuento lo de las guerras púnicas, impúdicas como todas las guerras",

“La luna bisturí rasga un poema en la lenta joroba de la noche”, “Escribo y me arremango hasta las ingles, hasta el codo colérico del hombre”.

Hay ciertos versos en Alfabeto de ausencias que me llenan los ojos de atractivas presencias evocadoras, que me llevan a sus pálpitos insinuados, a sus extendidos bra-zos, al perfil de los recuerdos. Frases de un gran poeta que me atraen y me llevan a su lenguaje destellante y, al marco coloquial. Frases que me coquetean, que me quieren imanar, que quieren hacerse mías en trance de seducirme. Y me dejo seducir con lujo al lado del poeta. “Perdonen mi falta de modestia”, pero quiero compartirlas con su primavera.

Apostilla

Trabajo leido, como ponencia en el Simposio Internacional de Poetas Sin Fronteras,celebrado en Greensboro,NC, (USA) en la pirmavera del 2002. A la vez se utilizó como proemio del libro Alfabeto de Ausencia.. Valga agregar que el poeta Fernando Opere es profesor de la Universidad de Virginia y es ademas Presidente del Centro de Estudios Poéticos Hispánicos en los Estados Unidos.

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