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"La Creatividad Literaria y La Gesta de un Sueño: una mirada introspectiva a mi Oficio Vocacional"



Fotograma de "Cuando menos te lo esperas". En la imagen, la actriz Diane Keaton

Por Alicia Rosell. 


Los propósitos para un año nuevo no tienen sentido si no se llevan a cabo. Este año pasado me asocié a “AEE/EIE Asociación de Escritores de Euskadi” con uno sólo de esos propósitos: motivarme a escribir con la intención de procurar acercarme más a mis lectores/as y que este año tengan entre sus manos una de mis tres novelas escritas "a medias" (deberán esperarme las otras tres inéditas que tengo por reescribir).

Es hora de dedicarme a mi profesión vocación: Escritora (Novelista). Todos me conocéis como Poeta. Lo soy. Pero soy una escritora que aborda muchos géneros: desde la poesía, la novela, pasando por el artículo, el ensayo o el teatro...

Me costará disciplinarme de nuevo después de TRES años dedicada a la Gestión y Promoción Cultural de forma altruista, pero es una deuda que mantengo conmigo misma que debo saldar ya. Ha llegado el momento. Porque para todo hay un tiempo. Y este es el año en que llegó Mi Tiempo De Escritura y Publicación de alguna obra mía más.

Casi nada me hace tan feliz como escribir. Y por ende, sé que mi deuda se extiende a quienes lleváis años pidiéndome que publique mis libros. Ya tenéis uno o dos... el último, mi poemario. Pero no es suficiente. En mi corazón, en mi mente y en mi aliento diario preciso ejercer una Literatura que me brinde sosiego; de ahí surge la imperiosa necesidad de comunicarme de este otro modo: mediante la narrativa. Para que me lean en la intimidad de sus hogares, preferentemente. Digo esto con toda libertad porque a mí nunca me gustó leer en el metro o el autobús. Si acaso, en mis viajes a Madrid o Barcelona en tren, ahí sí me he leído algún libro o he llenado una libreta de poemas y anotaciones para relatos y novelas. 

El tren es para mí un "estudio algo movido" pero cuya atmósfera llena de romanticismo logra que me "reencuentre" conmigo misma. A veces pienso en unas vacaciones al estilo del mítico “Orient Express”. Sería un marco fantástico e idílico para escribir. Lo sé. No sólo porque me recuerde a las novelas de Agatha Christie: Asesinato en el Orient Express  o de Patricia Highsmith,  Extraños en un tren, sino porque cumpliría uno de mis más anhelados sueños. Y no lo descarto. La vida es demasiado corta para no disfrutar de algunos “caprichos” siempre que haya posibilidades. En cambio, jamás tomaría el AVE. Es tan veloz que no brinda paz ni tiempo al escritor que ansía ese dulce traqueteo mientras pierde la vista en el paisaje y crea historias para sus lectores... Imposible vislumbrar algo en lontananza con claridad suficiente para inspirarnos en ese intento por vivir otras vidas simultáneas. Esta es la otra fascinante perspectiva del Noble Oficio de Escribidor.

Otro deber para conmigo misma es la Lectura: ya no leo lo que quiero, sino lo que me envían mis representados; y es aquí donde debo hacer ahora esa "parada por un tiempo" que hice en mi escritura. Al menos mientras no pueda delegar en colaboradores profesionales que se lean los muchísimos manuscritos que cada mes me llegan a "mi oficina". Y ya mismo, los tantísimos que no cuento y que me llegan como editora.

Mi deber para con la lectura no es para mejorar la escritura. No creo que leer nos haga escritores sin serlo y mucho menos, mejores escritores de lo que  ya seamos. De niña, en el colegio, apenas leía, pero yo ya escribía muy bien y los profesores se lo achacaban a que sin duda yo debía leer mucho. Se equivocaban: leía, pero jamás he devorado libros, uno tras otro, como hacen otras personas. También pintaba muy bien y me enviaban a concursos de pintura, y sin embargo, nunca fui a una academia. En mi caso está claro que nací escritora y pintora aunque sólo recuerdo haber tenido a mi tatarabuelo por línea materna que era un artista en diferentes disciplinas, y de quien yo y varios primos habríamos podido heredar el don de la pintura. No tanto el talento de la escritura, -al parecer soy la primera escritora de la familia-, pero sí el de pintores. Mi tatarabuelo figura en enciclopedias como el creador de muchos de los tallados en madera y forjados en hierro o latón que adornan algunas de las Iglesias más bellas de Extremadura, de donde era oriundo.

Volviendo a mi propósito de enmienda del año: Espero ofreceros una novela que podáis releer, porque eso significará que os habrá llegado al corazón y lograr que una obra no caiga en el olvido en menos de tres meses es una verdadera proeza (si así fuera me pensaría mucho sobre seguir en ese empeño y me dedicaría sólo a escribir para quien me quiera leer a través de Internet). Al fin y al cabo, ¿qué escritor no consagrado logra vivir de la literatura? El verdadero escritor escribe para que lo lean. Al menos es mi caso. No espero ganar dinero para enriquecer. Es por ello que tanto más me asombro ante la gran cantidad de personas que desean ser escritores como quien aspira a tener una profesión cualquiera. De esas otras profesiones estén seguros que podrán vivir, pero nunca de la de escritor. Salvo "excepciones", que siempre las hay.

El otro aspecto de mi Oficio vocacional viene constatado por la avalancha de novedades que a diario nos brindan las Nuevas Tecnologías. Las que están cambiando los hábitos de lectura de buena parte de los lectores, especialmente entre los jóvenes. Soy consciente de que debo alternar tradición y modernidad -tanto a nivel de escritora como de editora- para que todos estemos felices y lo importante al fin sea poder Leer y Ser Leídos.

No abandono el libro en formato clásico, eso jamás. O en tanto no me priven de ello. Sólo añado una forma nueva más porque no se puede ir contra corriente de las nuevas tendencias.

Estamos viviendo tiempos difíciles, la mal justipreciada "Crisis Editorial". Las editoriales ya no funcionan como antes. Ahora se impone la auto publicación y los tirajes bajo demanda o en tiradas de pocos ejemplares hasta ver cómo funcionan en el mercado editorial. Y esto es debido, obviamente, a la cantidad ingente de obras y autores que están auto publicándose -por un lado- y las editoriales que abogan por los éxitos de una literatura -que si bien algunos tildan de "mediocre"-, hace las delicias de quienes viven en una sociedad estresada y sin tiempo para leer un buen libro en sus casas. ¿Quedarán aún lectores/as de metro y bus que cuando tienen algo de tiempo libre lean a Benito Pérez Galdós o a Marcel Proust? Puse estos ejemplos, pero el siglo XX nos ha dado tan buenos escritores que no hace falta remontarse tan hacia atrás en el tiempo.

Esa imagen del lector que lee plácidamente en su butaca preferida con una taza humeante de café al lado, se desdibuja poco a poco de mi mente. Presiento que somos cada vez menos los que, si no leemos ni podemos escribir buena literatura -al menos intentamos que así sea-, optamos por seguir los cánones actuales de moda para no caer en la abulia literaria. Perecer o morir, reciclarse y amoldarse a todo tipo de lector o perdernos en la memoria de los lectores que en algún momento, una o dos décadas atrás, sí leyeron literatura de culto con verdadera delectación.

Podría seguir hablando del tema, pero no pretendo abrir un debate ni suscitarlo. Me remitiré ahora a contarles algo de mi vida como escritora...

Y es que, mis queridos lectores, -como les comentaba-, escribir una historia y darle el "rango" de "novela" no es simplemente juntar palabras y completar capítulos; tampoco lo es cumplir todos aquéllos métodos o sugerencias que se nos indican en los manuales de estilo (algunos son muy buenos). Sólo sepan quienes sean aspirantes a escritores y me lean, que sin materia prima  -aunque sea trivial-  no se puede hacer un pulido decente. Es el caso de algunos escritores que creen que pueden "aprender el Oficio" como si fuera "carpintería". Craso error.

Escribir una buena novela -aunque luego nadie nos la edite y nos auto editemos-, requiere de algo de talento y sobre todo, de mucha escritura, reposo de la obra y posterior reescritura y  correcciones. Servidora debe volver a esa disciplina diaria de cumplir con todos estos "menesteres del Oficio". Así es que me encontrarán por FB en ratos libres e igualmente, por mis redes sociales de escritores, LVDLPEI, Interperiodismo Digital o Bellas Artes y Espectáculos. Publicaré mis esporádicos poemas por todos estos espacios -incluyendo mis blogs o mi página oficial-, pero debo continuar mi carrera literaria ahora que la recomencé con mi segundo libro "Soledad que en mi moras" (poesía y prosa poética amatorias).

Puedo ejercer de periodista cultural, hacer radio como la hago, promocionar autores, empezar mi aventura editorial o podría continuar con ese sello editorial que lleva mi nombre. Puedo ser la directora (qué poco me gustan los títulos) que dirige (de aquí es que sale tal palabra y justifica mi desinterés por la vanidad que causa la "titulitis" en muchos autores) La Voz de la Palabra Escrita Internacional y sobre todo, puedo acompañar a mis colegas escritores de toda Hispanoamérica en la dura tarea de darse a conocer. Puedo. Pero sólo puedo si resto tiempo de mis horas de trabajo o debiera decir, si le robo más horas al sueño. Y ya creo que le robo bastantes.

Otra de mis necesidades perentorias de los últimos meses es la necesidad de regresar a la pintura. Esta otra vocación me cuesta menos que la literaria en cuanto a empleo de mi tiempo. Soy más rápida pintando un cuadro que escribiendo novelas o poemas. Me lo puedo permitir de vez en cuando porque no irá en detrimento de mis escritos. Pero soy consciente de que mi tarea como agente literaria y mi trabajo como editora en ciernes me lo impedirán. El lunes próximo comienzo. Así es que, si no me encuentran a menudo por estos "lares" o si sólo les dejo un "Me Gusta" y no comento, no piensen que los olvidé. Alicia Rosell siempre trabaja. Tanto o más cuando está "en silencio". Pero siempre está ojo avizor para no perderse detalle del acontecer cultural que la rodea.

De modo que no se preocupen quienes me dicen que me "necesitan" en LVDLPEI o aquí, en FB. Seguís teniendo mi mano amiga y mis aportes, no lo dudéis. Estoy. Sigo estando. Y seguiré aquí. Pero menos activa. La Creatividad y La Gesta de un Sueño requieren de mi disciplina y algo más de mi tiempo.

No dudaré en compartirles más extractos de esa novela... ya les brindé uno. Busquen en mis NOTAS o en mis blogs quienes no lo leyeron. El título completo de la novela me lo reservo. Sólo os diré el de otra obra inédita que permanece en “los archivos de la agencia Carmen Balcells” y que algún día reescribiré: "Las sombras de tu ausencia".  Pero deberá aguardar su momento. Porque no lo es ahora aunque sé que en su día la tendréis en vuestras manos. De momento, mi compromiso va con "El Jaral... “, y no digo más... 

A ustedes no les queda sino esperar esta novela. En cuanto a mí, sólo puedo decirles que intentaré no hacerles muy larga esta espera. Y sobre todo: lograr el objetivo de no defraudarme a mí misma en este reencuentro con la Literatura que se escribe día a día siguiendo esa vieja cita de Plinio el Viejo: “Nulla diez sine línea” o “Ni un solo día sin escribir una línea” que mantengo desde hace años escrita en letras grandes en una hoja clavada y visible sobre el panel de corcho que adorna una de las paredes de mi estudio.

Alicia Rosell.
Bilbao, 8 enero 2011.

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