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DIEGO ARBIT




 
Por Marina Nill
 
En una sociedad que puso de moda los seres angelicales, la esperanza, un toque de misterio diabólico, las biografías y un torrente de variantes generalmente luminosas, la presencia de un escritor comprometido con el sector “oscuro” –con aquellos que más de uno quisiera hacer de cuenta que no existe y si existe, no nos altera la vida– es como un grano en los pliegos más delicados de nuestra anatomía. Diego Arbit nos levanta un espejo en el cual refleja lo peor de la miseria humana, y nos ingresa a mundos desconocidos para algunos, familiares para otros, pero con los cuales terminaremos simpatizando con un dejo de impotencia en el alma.

Diego Arbit nació en abril de 1975. Cuando tenía trece años, su familia se mudó de Capital a Moreno, donde –entre 1992 y 1995– hizo radio. Junto al grupo radial, de noche utilizaban el estudio para grabar improvisaciones poéticas. Eso, sumado a los fantasmas de la radio, que contaban sus historias aunque no las quisieran escuchar, fue lo que lo formaron como escritor. “En esos años fui poeta,” cuenta “toqué la poesía, sentía de una manera muy especial, cada cosa que veía la abstraía e intentaba buscar en esa abstracción una imagen perfecta, que se pudiera oler, que se pudiera tocar. En alguno que otro momento casi lo logré. Pero mis amigos y mi familia me veían como a un completo chiflado, y supongo que algo de razón tenían. Yo estaba desesperado por conocer todas las formas del arte, por aspirar y expirar arte a cada segundo.”

La vida lo llevó por diversos caminos: empezó a estudiar cine, seguía escribiendo, tuvo algunos amores desgraciados… En 2000 editó su libro “Muchos nenes muertos”, al que salió a vender a la placita de Serrano. Pero aquel libro era muy críptico y sórdido; su público eran los depresivos, los raros, los dark…

Vendiendo ese libro en plazas y bares, conoció a Guillermo de Pósfay y a Pablo Strucchi, a quienes se sumó para la creación de la Asociación de Escritores Independientes (AEI), que cuenta con su link en la página www.elasunto.com.ar

En esa época terminó su segundo libro, “En las paredes de la fábrica de hombres”, que se editó en 2001. En esta oportunidad, mereció el aplauso y la felicitación de mucha gente. En 2002 editó su tercer libro “Empiezo a caminar en círculos”, que tuvo tanto éxito como el anterior, lo que le facilitó tanto la tarea de vender, al punto que le convenía más dedicarse a la promoción y venta de sus libros, que esclavizarse trabajando de cualquier cosa por un par de billetes a fin de mes.

En 2003 escribió un guión con su primo Andrés Arbit y Pablo Strucchi, “Conurbano”, y también su cuarto libro, “Soy todo ojos mirando”, pero no lo editó hasta 2004, junto a una quinta obra en coautoría con Fabio Guerrero Arévalo y Darío Semino, que se tituló “Tríptico”.

Mientras tanto, conozcámoslo mejor de la mano de Pablo Strucchi, quien lo describe de la siguiente manera: "Diego Arbit es un novelista actual. Es imposible no asociarlo con Guillermo de Pósfay, no quizás con su forma de escribir, a pesar de que tienen muchos aspectos en común, pero sí en como decidió difundir su obra. Diego sale a vender sus libros y lo hace desde hace años, junto con Diego Rojas, y quién sabe cuántos, son los que están en la calle difundiéndose y difundiendo todo un aspecto más que importante de la cultura actual.

Diego escribe libros jodidos, duros, escribe sobre aspectos ocultos, drogadictos, seres perdidos, gente que está de última y que ya perdió hasta las ganas de vivir. Diego escribe muy bien, puede relatarte una historia que dura varias páginas sin una sola coma, puede ponerte una coma cada tres palabras y vas a leerlo. Vas a compenetrarte en sus palabras y vas a seguir leyendo sus libros que son un mismo libro que continúa.

Desde su primer libro, Muchos Nenes Muertos, desde el título, Diego dice lo que se aproxima, una palabra tan inocente como "nenes" en un lugar oscuro, muy oscuro, más oscuro que la muerte y sin embargo Diego mete humor. Una lisiada perdiéndose con pasta base en una casa tomada por peruanos, un hombre consumido por el cáncer, una potencial asesina asesinada por su sobrino, borrachos perdidos,  sin romanticismo, nefastos personajes urbanos, los feos, los que quedaron afuera y existen, hasta él mismo, siendo personaje, siendo moderador, siendo protagonista casi ajeno de historias que muestran el derrumbe de una sociedad que ya no puede con sí misma, y sin embargo intenta seguir, y lo logra a través de Diego y de esta gente marginal y perdida. Un mundo real que existe sin esperanzas y que sin embargo, al ser tan lejanas e incomprensibles, están.

Diego, por ahora, escribe lo peor,  porque es así. Porque el mundo actual es peor, y lo peor del mundo actual está en Diego Arbit aunque la forma de describirlo sea la mejor, casi como una contradicción.

Creo que sobre todo, Diego es un gran escritor, sabe poner una palabra atrás de otra, y a través de eso relatar a una sociedad asqueada que no sabe por dónde canalizar su hartazgo y lo manifiesta brutalmente. Diego es Brutal y es Mente, es un forúnculo que muestra que la MIERDA está a pesar de nosotros.”)

Quienes deseen conocer más de su obra y su persona, pueden ingresar a www.diegoarbit.com.ar . Mientras tanto, conozcamos un fragmento de su libro “Soy todo ojos mirando”.

“El viejo dio media vuelta y siguió su camino por los túneles. Yo lo seguí, la oscuridad me obligaba a caminar sin hacer ruido y así escuchar los pasos del viejo. De repente se frenó y me choqué con él. Me dio la mano y me dejé llevar. Luego de varias vueltas vi una luz, el viejo se acercaba a la luz, la luz nos invadía a nosotros, porque sentía que la luz se agrandaba, quizás es porque me encandilaba, pero casi estoy seguro que la luz se hizo cada vez más fuerte, cada vez más fuerte, y entonces la música empezó a sonar, unos sonidos de trompetas que se superponían unos a otros hasta transformar a ese sector del túnel y al mundo entero en un grito inmenso un alarido devastador que me hizo escuchar la podredumbre del fondo de mi conciencia de la conciencia de toda la humanidad, y no me gustó lo que me decía, y no me gustó lo que me contaba.
Entonces la luz se atenuó, y la música dio paso al silencio. Nos sentamos. El viejo calentó la pava en una garrafa y se puso a preparar mates. Tomaba por suerte los mates amargos y los preparaba muy bien, fueron muchos los mates que tomamos en silencio y tardó mucho la yerba en lavarse. El tamaño del mate era el tamaño justo, ni muy grande ni muy pequeño, y como curiosidad tenía tallado un dibujo, un retrato del viejo sin brazos arrodillado sobre una pila de cadáveres. Me impresionó la precisión y la expresividad del dibujo.”

Marina Nill

Marina es miembro de LVDLPEI desde 2008. Accede a su página o blog en nuestra red hispanoamericana en este enlace:http://www.hispanoramaliterario.org/profile/Marina
  
 

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