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Carta a George



    Al loco de George Bataille (1897 – 1962)


«Y bien, morimos
Millones de años
para la muerte, para una dignidad
extraña, en cierto modo
ajena. Pero el tema
es más ambicioso
que el pensamiento
y se pudre ahí mismo»:
Joaquín Giannuzzi (poeta argentino)

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  1.


Si hay que morir, porque somos basura,
que se muera,
si es deber, que se cumpla, y nos decapitamos.
Jódase la vida de una vez por la esperanza
pero vamos a salvar al último dios,
al otro que renace con resolución y voluntad
más vivas que la que nosotros empeñamos
sin cuajar con deseo transgresoramente lúcido.
Luchar por otro.

Ellos sí alzarán el comienzo del pensar,
descubrirán el tránsito a tal comienzo.
Ellos no se asustarán por nada,
como nosotros, miopes en la historia del ojo,
adoradores del Señor A La Mierda,
amo de ajenos y propios excrementos, Lord Auch.

Vamos a dar la oportunidad
al sol sobre la tierra y no al olor
del huevo pudrido o el ojo vago
que no resiste que lo encandile un rayo,
temor a quedarse ciego
con tanta luz; pero aún en lo oscuro
hay luz, George.
Luz oculta para el otro comienzo
y un pensar según la historia del ser.

Si para entender el poder que se despliega.
hay que morderse en la esencia como en el güevo
y sacarse el ojo hasta ver
la impotencia, el sometimiento, el rostro
de quien predica su nivelación y,
desde su propiedad y sistema, nos escupe,
que sea,
pero en el interin ténle odio, George,
y busca la nueva soberanía
para que renazca algo mejor.

Ay cabrona vida que anuncia la muerte,
vida-filfa, siempre producto de descomposición
desde sí y síndrome de albúmena
y huevo en corrupción, pero la vida reincide
y se pone en circulación con substancias necesarias
y necesaria es la incesante venida al mundo
de nuevos dioses como los que no pudimos ser
porque Dios habló poco y pendejamente
a nuestros corazones, a nosotros que apetecíamos más
y instruyó la vaga idea
de que el infierno es la vida.

George Bataille, hermano, no lo es. De la razón /
racionalidad cartesiana / kantiana / hegeliana /
cualquier razón lógico-deductiva-formal
ese viejo diosito del culo de su madre
se burló y hoy apenas entendemos
cómo el erotismo aprueba la vida
hasta en la muerte y la razón nos embroma.

Y cómo vas tú, fascinado con el sacrificio humano
tanta violencia / tanto caos en locura /
y este desfile de zombíes, acéfalos /
secretamente descabezados
en el alma, sin que nunca aparezca el verdugo
para desloncar la fuerza / pasión / erótica verdadera,
pero sí los criminales por indemnización.
Estos de oquis abundan.

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    2.


¿Cómo podríamos, lúcidos, no verlo? ¡Todo nos lo indica! Una agitación febril en nosotros pide a la muerte que ejerza sus estragos a nuestras expensas: George Bataille

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Toda la vida es un libro de angustia,
«suma de los malentendidos»
a los que dimos ocasión y arrimamos leña,
inconformidad o la guasa sumisa que evade
el poco gasto, el despilfarro inmenso.

A veces ni queremos ni la miseria ni la abundancia
por causa de día en confort sin el vicio o el lujo
del aniquilamiento, imaginación lsalvaje,
letras de erótica
y qué mamífero cabrón es quien quien se queja
contra las cantidades locas de energía
en aras de no querer la muerte,
o quererla a cuenta-gotas,
aplazada hospitaliciamente;
pero si hay que quererla, George
si hay que morir, con mucha o poca energía,
que se muera, si es deber,
que se cumpla, valga la esperanza
de salvar al último dios,
escribiéndolo porque es
buscar de algún modo la suerte.

Si hay que mascar vegetales, defecar
cagarrutas verdes, amontonar substancias disociadas
para que los últimos dioses hervíboros traguen
la substancia vegetal viva,
«antes de ser ellos mismos comidos,
devorados por carnívoros», que se cumpla.

Venga el Depredador Feliz y el Sacerdote
del Dios antiguo, y sea el pequeño dios,
poeta del obrero y del sobreviviente,
preso de las hienas y de los gusanos.

Púdrase de una vez el misticismo del pecado.
Váyase de una vez de la economía restringida
a la economía general de los Tragones saturninos,
Dragones de la prodigalidad y la noción de gasto.
De la muerte al tránsito
hacia una ontología y ética que vea
que ni la razón manda del todo
ni el trabajo da la eterna dicha.

Vamos a ver lo nuevo del último dios
porque o del viejo ya demasiado sabemos.
Hemos sido el excedente destinado a la destrucción.
Le vimos el impulso irrefrenable y salvaje
a constante producción de lujuria
y hedonismo cuya fuerza nos doblega

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  3.


«Morimos, algo extraño,
pero siempre después.
Y sin embargo hay hombres,
hombres en todas partes,
sobre todo en la tierra.
Multitudes, máquinas,
cerebros secos al amanecer,
el viento, una rosa en la mesa
y café. Todo esto
consagrado a la luz; la muerte
no es natural»: Joaquín Giannuzzi

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Pero estamos en el marco del agotamiento
del divino capitalismo planetario
y la razón divina es el espejo roto
y nosotros una mofa desloncada en el espejo,
cuello roto / machetazo/ horcas
para hacer que se cultive la acefalia
que, si bien produce más energía
que la necesariamente subsistencial,
¿que produce por hombre, qué semilla que merezca
caer en el hoy de lat ierra?
¿a dónde va el zombi que no quiere el útimo dios,
si no el dios viejo? quién lo sabe...
Estamos sin cabeza en el desierto de Dios,
en campos minados, en Bagdad y Beirut
por excedentes inútiles / derrochando de muerte
el alimento de vida y el gasto improductivo
de las exuberancias.
y la vida verdadera puede que esté
más allá de los límites
de estos poderes profanos del trabajo,
la violencia de un ser de razón
y movimiento que él no puede reducir
pues siempre excede sus prohibiciones y tabúes,
a la explicación que da a la eclosión
de los mundos sagrados
y la apertura espacio-temporal de lo que pueda
ser su risa y suamor, ternura y esperanza.
no este acabamiento de subjetividad / metafísica /
que descabezara lo representativo
y nos dio la orfandad,
el abandono del ser
en tránsito de comienzo y ocaso.

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    4.

Si hay que morir, porque somos basura,
o no entendemos la función del potlatch
o el Todo o Nada, o la empatia / einfühlung
por risa de la hiena, que comunica su hambre
de vida tengo y sufro como el hombre,
que se muera.
Si es deber, que se cumpla y se muera
y, si no se cumple la muerte.
nos decapitamos
ainque sea hacerlo es más atroz
que la desesperanza.

Si no sabemos a qué llamar desafíos
de contemporaneidad por asco a viejos dioses
y formas dilapidatorias, jódase la vida de una vez
con o sin la esperanza,
pero si vamos a salvar al último dios, váyase
ecuménicamente sigiloso
hacia un pensar intercultural entre hienas.

En predios poscoloniales, sigue la sombra
del Depredador feliz, vigilado por ellas.
En tono de la risa, la edad de la niñez
se dice; en variaciones
en la frecuencia de notas,
la agonía clama sus estados sociales,
su identidad y su dominio
y factores plurinacionales, la hiena
se dibuja ante el zombi que la espanta
y puede ser su víctima o verdugo.

Quien crea en la reciprocidad, aprenda
de las hienas y los simiios / innere nachahmung
la mímesis interna, compartir pasivo, disimulo.
El último dios está pendiente y desesposeso
y pobre y calmo, pero tiene la fe.
Será el ayudante, incitador callado,
en mímica de mono, en apatía de hiema,
pero será el maestro de colaboración compensada
y van a hacerle caso aunque sea el carroñero.

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    5.

¿Qué haremos ante la Gran Ramera
del derroche militar, idolatría del ego.
acefalia intelectual del capitalismo planetario?
¿George, qué haremos con todos los malentendidos
quienes somos poetas, zorros o hienas
de bajo perfil, pero no míopes?
¿Qué haremmos, hermano?

Con dos ojos buenos vemos en lo oscuro
y con garganta vibratoria comunicamos
que apetecíamos lo justo, conveniente,
digerible, reciprocidad, no más que eso para ser
soberanos, últimos dioses / profetas...
No dijimos que hay infierno.

Miestro ojo vio al sol / lo quiso /
y no fuimos ratas de agujeros, esclavos de espectros
en cavernas, sonámbulos. Ninguna pared
nos engaña con siluetas como luz que ataja
la forma en la sombras. Y no creímos
a quien nos dio la vaga idea
de que el infierno es la vida.

George Bataille, hermano, no lo es.
No lo creemos todavía y por eso escribimos.
Por la suerte de querer confirmarlo.
Meditar el ser en el día y la noche.

De la razón de ese viejo diosito, nuestra risa
de hienas, nuestras mañas de zorros.
Al final, esta memoria de transgresión de ambos.
Este mapa / itinerario / hacia días de tránsito
del ser por la vía en que se imparte
la socialidad / empatía a los primates,
cognicion social / rudimentos naturales /
darwinianos / a los ahuyentados
por la fuerza bruta / temible / de la muerte,
seres con alma de aveztruz,
seres violentos que no aprenden
ni la imitacion neonatal del mono-sabio...


Del libro LA REVOLUCION PROFUNDA / CARLOS LOPEZ DZUR


http://carloslpezdzurpuertorico.blogspot.com/2011/09/carta-georges-la-revolucion-profunda.html

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